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El Diego no estaba muerto… o de otros RECUERDOS Pelusianos

Ok…probabemente no me van a creer, pero es verdad.

Todos mis primeros recuerdos de futbol internacional empiezan y terminan con Diego Armando Maradona Franco.

Desafortunadamente para mis añoranzas pamboleras, aún era un niño de brazos, de pañal, lactante, y sin dientes cuando el Diego pisó el césped del Azteca y acribilló a los defensas italianos, ingleses, belgas y alemanes durante el Mundial de México ‘86.

Pero luego ya un poco más crecidito (aún sin dientes pues ya los empezaba a mudar), recuerdo a un chaparrón argentino metiendo un pase glorioso a otro rubio pampero que definió sobre el marco de Taffarel para darle la victoria a la celeste. Sólo recuerdo el momento, no sabía quiénes eran los jugadores -Maradona, obvio, y Claudio Caniggia-, sólo recuerdo el gol y también como dato cultural innecesario, recuerdo a mi papá explicándome por qué México no había ido a aquella justa futbolística de Italia ‘90 «Por los cachirules, unos idiotas que hicieron trampa para las Olimpiadas…». No entendí nada.

Días después, vi al Diego llorando en la cancha de Roma por un penal muy muy dudoso, que le dio a Alemania el título mundial. No había visto a un hombre llorar por algún deporte.

Pasaron otros cuatro años, en esa época vivía en Nueva York y bueno, la fiebre mundialista estaba en su apogeo. Recuerdo haber llegado a mi casa de la Robert E. Morris Elementary School, y prender la tele a Univisión, cuando llegó el momento: toquecitos entre Bati, Redondo y de pronto recorte, tiro, ¡gol! y un hombre corriendo con pasión-ira hacia una cámara que estaba a un costado de la cancha. Era el mismo que había visto llorar y ahora lo veía con un grito que llegó a todos los rincones del mundo. Era Maradona, diciéndole al mundo entero que había vuelto, que era época de transfomar a un decaído selecccionado argentino -recordar la paliza que le propinó Colombia en las eliminatorias - y sobretodo de cambiar su vida. Luego, vino una enfermera a tomarlo de la mano y… bueno creo que nos sabemos el resto.

El tiempo pasó, siguieron los escándolos, su regreso al Boca, su despedida en el 2001 y luego su aumento desorbitante de peso y su cuasi muerte.

Luego lo recuperamos de nuevo: se fue a realizar un tratamiento a Cuba y regresó con una superproducción televisiva. Diego estaba de regreso… hasta que hace unos meses recayó dramáticamente y le diagnosticaron un hígado a punto del colapso. Hasta algunos medios sudamericanos ya lo habían matado (similar a otro Diego, Fernández de Cevallos que hizo lo mismo con Juan Pablito II), pero lo que no sabían es que El Pelusa se había escapado a México… había venido a ver el Vive Latino.

Es verdad… si no me creen, aquí está la foto que lo comprueba:

img_1443.JPG

¡Gracias, Diego!

4 Responses to “El Diego no estaba muerto… o de otros RECUERDOS Pelusianos”

  1. caraocruz Says:

    Si quieres puedes volver a revivir a Maradona, fíjate en Villa el otro día hizo un golazo con una jugada exacta a el gol que le dió el mundial.

  2. gomis1206 Says:

    Sí, fue un jugador fuera de serie… A mí me gustaba mucho más Zidane, pero para gustos los colores…

    Qué pasa con las letras en tus posts???

  3. Alex Says:

    Como jugador definitivamente es un crak, para su época hizo cosas con el balón que muchos no han logrado hacer en estos días. Luis Figo,Toti, Zidane, etc. no se quedan atrás

    Alex

  4. Claudia Says:

    El Diego!
    Lo amamos y lo odiamos con la misma desesperación. Nos transciende a todos los argentinos.
    A todos nos regaló su magia. Es nuestro “barrilete cósmico” (la frase se nos grabó a todos para siempre después del gol a los ingleses).

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