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Cortejo

Es la hora en que no quieres escribir. Cuando los párpados te pesan por el reflejo de un monitor que te ve de frente. Que te analiza, que te comprende como un tercer ojo. Como una amante a ciegas que acaricias con las yemas de los dedos. Un concubina que no te pide nada, que no necesita tiempo para aclarar sus sentimientos. Se entrega a ti por poco menos que un beso en el cuello, se reparte y se aferra a tus manos por un poco de sudor. No te pide nada a cambio, sino la mirada fija en las palabras que ella misma provoca. Se siente inspiración y su cuerpo un lienzo que revuelves con saliva, parpadeos y la disposición de sentirse amada durante las ocho horas que pasas en una oficina.

… porque luego ella te apaga y te quedas fijo en su escritorio, esperanzado de que la noche pase rápido y ella a las 8:15 de la mañana, active tus circuitos con su hermoso olor a café y perfume, luego se siente frente a ti,  esperanzada a Iniciar sesión con el click en el botón izquierdo  y comience su patética rutina del cortejo.

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